Cada vez son más los estudios que demuestran que la alimentación puede ser una aliada clave frente al cáncer. Y entre todos los nutrientes, hay uno que destaca por su potencial protector: la fibra. Presente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, su consumo no solo mejora la salud digestiva, sino que además influye directamente en los genes relacionados con el desarrollo tumoral.