La reciente victoria de
Anthropic frente a las discográficas agrupadas en la
RIAA debería hacer reflexionar a quienes todavía creen que entrenar modelos de inteligencia artificial con contenido disponible públicamente constituye una violación del copyright.
El juez de distrito
William Alsup ha sido claro al establecer que los demandantes no alegan que
Claude regurgitara ninguna de sus letras en respuesta a una solicitud de un cliente, y por tanto, no hay infracción. Así de sencillo.
Este fallo sigue el mismo razonamiento que ya vimos en septiembre en el caso DOJ vs. LAION en Alemania, al que dediqué un artículo porque sentó una base importantísima: si el sistema no copia literalmente, ni reproduce, ni distribuye el contenido original, no puede haber infracción. Como escribí entonces, una IA no memoriza ni plagia, sino que sintetiza. La idea de que estos modelos están «robando» contenido es absurda, y empieza a parecerlo además cada vez más para los jueces. El único «robo» está en la calenturienta imaginación de los gestores de derechos de autor.
La reacción de las grandes discográficas y editoras es de pánico legalista. En lugar de innovar, litigan. En lugar de adaptarse, presionan para reinterpretar leyes pensadas para otro mundo.